El presidente nicaragüense descartó la realización de nuevos comicios y aseguró que los partidos opositores no volverán al poder. La declaración, formulada durante el aniversario de la revolución sandinista, refuerza el control político ejercido por Daniel Ortega y Rosario Murillo sobre las instituciones del país.
El presidente nicaragüense descartó la realización de nuevos comicios y aseguró que los partidos opositores no volverán al poder. La declaración, formulada durante el aniversario de la revolución sandinista, refuerza el control político ejercido por Daniel Ortega y Rosario Murillo sobre las instituciones del país.
Después de casi dos décadas en el poder y tras dos meses sin realizar apariciones públicas, Daniel Ortega volvió a escena con un anuncio que profundiza el aislamiento político de Nicaragua: “No volverá a haber elecciones”, afirmó durante un acto realizado en Managua por el 47° aniversario de la revolución sandinista.
La declaración pone en duda la realización de los comicios previstos para noviembre de 2027, cuyo calendario ya había sido modificado tras una reforma constitucional que extendió de cinco a seis años el mandato presidencial.
En su discurso, Ortega también apuntó directamente contra la oposición al afirmar que “los partidos puestos por los yanquis no volverán a llegar al gobierno jamás”, en una nueva señal de la decisión del régimen de impedir cualquier alternancia en el poder.
Un régimen cada vez más aislado
Para Salvador Marenco, opositor nicaragüense exiliado y director de la organización Nicaragua Nunca Más, la decisión refleja las dificultades que atraviesa el gobierno de Ortega y Rosario Murillo.
Según sostuvo, el régimen enfrenta un creciente aislamiento internacional y una mayor vigilancia por parte de la comunidad internacional. “El régimen está cada vez más solo”, afirmó, al referirse a la ruptura o suspensión de relaciones diplomáticas con distintos países.
Desde 2007, Ortega gobierna Nicaragua con un fuerte control sobre las instituciones del Estado. En 2025, Rosario Murillo dejó de ser vicepresidenta para convertirse en copresidenta, consolidando formalmente el esquema de poder compartido dentro del régimen.
Marenco sostuvo que cualquier disidencia interna frente a la decisión de suspender las elecciones resulta prácticamente imposible debido al control ejercido sobre los distintos poderes e instituciones estatales.
La represión tras las protestas de 2018
El cierre político se profundizó especialmente después de las protestas de 2018, una crisis que dejó más de 300 muertos según Naciones Unidas y que derivó en una fuerte persecución contra opositores y críticos del gobierno.
Desde entonces, organizaciones de derechos humanos y sectores de la oposición han denunciado detenciones, exilios forzados, cierre de organizaciones civiles y una creciente concentración del poder en manos de Ortega y Murillo.
Según Marenco, desde 2021 el régimen también habría impulsado una purga dentro de distintas instituciones del Estado y del propio Frente Sandinista, con el objetivo de garantizar una obediencia total a Rosario Murillo.
El opositor consideró que el anuncio de Ortega representa una nueva etapa de la crisis institucional nicaragüense, aunque también sostuvo que puede ser interpretado como una señal de debilidad de un régimen cada vez más aislado y dependiente del control absoluto de las estructuras del Estado.
Con la suspensión anunciada de las elecciones, Nicaragua se encamina hacia un escenario de mayor cierre político, mientras la oposición en el exilio y la comunidad internacional enfrentan el desafío de responder a una decisión que elimina, al menos por ahora, la posibilidad de una alternancia democrática en el país.